El Coaching es considerado por algunos como una valiosa herramienta, una habilidad e incluso una profesión para quienes se dedican de pleno a ello. Hoy en día, se podría decir que goza de gran popularidad, “para bien y para mal” como decimos en términos criollos, debido al uso que se le da. Es un trabajo subestimado por algunos, incomprendido por otros, valorado por quienes saben usarlo de manera consciente y con fines honestos e impersonales. Cuando hablo de un fin honesto e impersonal, me refiero a practicar el Coaching con integridad, priorizando el bienestar y el desarrollo de las personas, sin que intervengan intereses egoístas o intenciones manipuladoras, enfatizando la ética y la autenticidad.
Aunque el término “Coaching” es ampliamente reconocido, su esencia se pierde en una comprensión superficial y reducida. Para entender realmente qué es el Coaching y cómo se fue desarrollando, tendríamos que remontarnos a sus raíces históricas y las fuentes que lo nutrieron como disciplina. Siempre suelo decir que su historia es relativamente corta, al menos como profesión formal, pero que sus fundamentos se construyeron de manera gradual a través del tiempo, influenciados por diversas corrientes filosóficas, psicológicas y deportivas.
A diferencia de otras disciplinas, no existe un creador único o un momento específico en que pueda situarse el origen del Coaching. En su lugar, se fue desarrollando como un proceso evolutivo en el que intervinieron diferentes figuras, ideas y prácticas.
Si hablamos de influencias, debemos tener presentes 3 grandes pilares: la filosofía griega, la psicología humanista y el mundo del deporte. Vamos a explorar mejor cada una de ellas para que se entienda mejor cómo es que dieron forma al Coaching tal como lo conocemos hoy.
Primero tenemos la filosofía griega clásica, con tres personajes que dejaron huella en el Coaching moderno: Sócrates, Platón y Aristóteles.
◉ Sócrates fue conocido por su método socrático, el cual consistía en formular preguntas profundas y desafiantes cuyo objetivo era estimular la reflexión y el autodescubrimiento, llevando así a las personas a cuestionar sus propias creencias y encontrar desde ahí sus propias respuestas. Él planteaba que la verdadera forma de aprender se lograba no mediante la enseñanza directa, sino a través de la auto-reflexión y el cuestionamiento profundo.
Este enfoque tiene mucho sentido, ya que al formular preguntas que desafíen nuestras creencias, podemos validar si son ciertas o no, y de esa manera, a través de la introspección, vamos a ser capaces de descubrir nuestra verdad. Y digo “nuestra verdad” porque todos tenemos una percepción única e individual desde la cual experimentamos y entendemos la realidad. En Coaching, las preguntas poderosas son una herramienta central que busca desbloquear el conocimiento interno del cliente y fomentar su desarrollo personal.
◉ Platón, discípulo de Sócrates, enfatizaba la importancia del diálogo como medio para acceder a la verdad. En sus diálogos, muestra cómo las preguntas bien formuladas pueden ayudar a otros a descubrir su verdad, aquello que ya saben en su interior.
Este es un principio que se refleja en el Coaching, donde el Coach no se posiciona como un experto que imparte conocimientos, sino como un facilitador que ayuda a su cliente a conectar con su propia sabiduría y potencial.
◉ Aristóteles finalmente, es considerado junto a Platón como el padre de la filosofía occidental. De hecho fue alumno de Platón y maestro del gran Alejandro Magno. Aportó una visión práctica sobre el desarrollo humano.
Presentó su famosa obra Nicomaquea, en la que desarrollaba su filosofía sobre la ética y la buena vida. Hablaba de alcanzar la eudaimonía (felicidad o realización personal) a través de las virtudes, las acciones correctas y los hábitos sanos. Decía que un buen vivir depende de encontrar equilibrio entre los excesos y las carencias, y de cultivar hábitos virtuosos que permitan vivir a la persona común y corriente con excelencia en su vida diaria. Todo esto, claro, era un desafío, ya que demandaba un esfuerzo consciente y repetido.
Todo esto coincide con el Coaching, donde podemos traducir esta filosofía como el trabajo constante con clientes en la identificación y desarrollo de habilidades, el establecimiento de objetivos claros y el cultivo de hábitos que les conduzcan a resultados concretos.
Ya hablamos de las influencias más importantes del Coaching, la filosofía griega, y sus personajes más influyentes Sócrates, Platón y Aristóteles. Este sería nuestro primer pilar. Luego, el siguiente sería la psicología humanista.
El Coaching fue profundamente influenciado por la psicología humanista, una corriente que surgió a mediados del siglo XX como alternativa a las aproximaciones más tradicionales de la psicología conductista y psicoanalítica.
La psicología conductista se enfocaba en estudiar los comportamientos observables y cómo estos eran influenciados por estímulos externos y el aprendizaje a través de refuerzos y castigos, ignorando los procesos mentales internos por no ser directamente medibles.
Por su parte, la psicología psicoanalítica, desarrollada por Freud, exploraba el inconsciente y cómo los conflictos internos, deseos reprimidos y experiencias de la infancia influyen en la personalidad y el comportamiento.
Estas dos psicologías, tanto la conductista como la psicoanalítica, eran más deterministas. En cambio, la psicología humanista resaltaba la capacidad del ser humano para el crecimiento personal, la auto-realización y el libre albedrío.
Así como hablamos de Sócrates, Platón y Aristóteles como influencias en la filosofía griega, para la psicología humanista también tenemos personajes referentes, como Carl Rogers y Abraham Maslow.
◉ Carl Rogers es considerado uno de los padres de esta psicología por desarrollar un enfoque centrado en la persona, sosteniendo que cada individuo tiene dentro de sí las respuestas para superar desafíos y alcanzar metas. La tarea del acompañante terapéutico, en nuestro caso del Coach, es proporcionar un espacio seguro, empático y no directivo, que permita fomentar el crecimiento personal. “No directivo” significa que el Coach no impone soluciones, consejos ni guías específicas al cliente. En cambio, brinda un entorno donde la persona puede explorar sus propios pensamientos, emociones y soluciones, promoviendo el auto-descubrimiento y la autonomía.
◉ Abraham Maslow es conocido por su teoría de la jerarquía de necesidades, donde identifica la auto-realización como la máxima aspiración humana. En el Coaching, esta idea nos inspira a trabajar hacia el cumplimiento del potencial único de cada persona, ayudándola a trascender sus limitaciones y alcanzar una vida plena y significativa.
Hemos mencionado entonces al primer pilar, la filosofía griega, con Sócrates, Platón y Aristóteles, al segundo pilar, la psicología humanista, con Carl Rogers y Abraham Maslow, y finalmente tenemos al tercer pilar, que es el mundo del deporte.
El deporte es otra fuente crucial para el desarrollo del Coaching. Los entrenadores deportivos han sido pioneros en utilizar técnicas para motivar, establecer objetivos y desarrollar el potencial de los atletas; muchas de estas técnicas fueron adaptadas al Coaching de vida.
Algunas de ellas son la mentalidad de crecimiento, el trabajo en equipo y la disciplina.
◉ La mentalidad de crecimiento plantea que las habilidades pueden desarrollarse con práctica, esfuerzo y continuo aprendizaje. Un buen Coach usa este concepto para ayudar a su cliente a adoptar perspectivas de aprendizaje constante.
◉ El trabajo en equipo y la disciplina enseñan lecciones de colaboración, liderazgo y manejo de la adversidad, que se aplican en contextos de Coaching tanto individuales como grupales.
Estas técnicas son de gran utilidad al ser integradas en el Coaching moderno.
Tanto las técnicas del mundo del deporte, como las demás influencias de la filosofía griega y la psicología humanista forman una fusión que permite la transformación de algo nuevo.
Cuando hablo sobre Coaching, menciono siempre la palabra transformación, porque representa el cambio significativo en la vida de una persona. Es el crecimiento integral, que afecta su forma de pensar, sentir y actuar, todo en pos de desarrollar una nueva y mejor versión de uno mismo. La vida se trata de reinventarse y adoptar nuevas perspectivas, tomando decisiones siempre más alineadas con nuestros valores y objetivos.
Juan Ignacio Bella
